Biopol
 

Clúster e innovación en el siglo XXI

El comienzo del siglo XXI, que coincide con un nuevo ciclo económico-social, ofrece una gran oportunidad para realizar reformas y cambiar comportamientos. La gestión del conocimiento, la revolución tecnológica, la incertidumbre respecto al sistema económico tradicional y el cuestionamiento de los valores existentes plantean nuevos desafíos. Por lo tanto, se hace necesario potenciar nuevas formas de desarrollo, maximizar las oportunidades ofrecidas a los ciudadanos y explorar formas innovadoras de gestión.

Como dijo Carlos Martínez, Secretario de Estado de Investigación: “¿Qué podemos hacer nosotros para resolver las dificultades que atraviesa el mundo en estos momentos? Aplicar el pensamiento a la mejora práctica de lo que nos rodea. Eso y no otra cosa son la creatividad y la innovación.”

Innovar es la prestación de toda clase de servicios a los ciudadanos, como por ejemplo, disponer de nuevas técnicas para el diagnóstico precoz del cáncer. Pero, además, innovar es mejorar las técnicas de enseñanza en las universidades, la gestión de los grandes hospitales, la compra de patentes o la capacidad de orientar la inversión pública hacia las necesidades de las empresas. O, como dice Paul Krugman, Premio Nobel de Economía de 2008: “La innovación puede ayudar a la economía mundial, porque crea oportunidades de inversión y eso es precisamente lo que necesitan los mercados”.

La crisis ofrece una oportunidad para reconstruir una economía mixta, basada en el impulso del mercado y en la capacidad de las instituciones democráticas, públicas y sociales para controlar y orientar su dinamismo en la dirección del bienestar social. Según Antón Costas, catedrático de Política Económica de la Universidad de Barcelona, para poder aprovechar esta oportunidad se necesita una teoría económica que nos permita comprender mejor las causas de la crisis y un activismo social y un liderazgo político capaz de diseñar estrategias de colaboración entre fuerzas de mercado e instituciones públicas en distintos ámbitos. En Europa todavía se necesita capacidad política para aprovechar la crisis, pero quizá puedan ayudar los clústers como estructura económica a encarar la crisis y a buscar una salida.

Los clústers son uno de los medios más eficaces para aplicar la innovación con éxito, puesto que el futuro de las organizaciones y las economías está cada vez más condicionado por una buena gestión del conocimiento y una buena gestión basada en la generación de valor, los dos ingredientes principales del capital intelectual.

La idea de clúster propone un modelo de desarrollo que se articula territorialmente y se basa en la cohesión social. Los clúster son un ejemplo de cómo utilizar la innovación de forma decidida para mejorar la salud, la democracia y la calidad de vida, puesto que llevan a compatibilizar cooperación y competencia, condición “sine qua non” para encarar el cambio cultural provocado por la globalización.

En definitiva, cuando hablamos de clustering nos referimos a la concentración de conocimiento, empresas, talento y mercados como una pujante instrumentalización de la política industrial y del desarrollo regional.

En este contexto nace el Biopol, un polo de conocimiento e innovación, motor económico, modelo interactivo y “think tank” para el sistema de salud. Junto con la transformación del territorio ha de dar respuestas a las personas, a los interrogantes actuales sobre sus enfermedades y procesos. Asmismo ha de promover el desarrollo del talento y atraer capital público y privado. La misión principal del Biopol es la de fomentar las actividades productoras de conocimiento con un impacto directo en la salud y el bienestar de los ciudadanos, la generación de riqueza mediante la colaboración con empresas consolidadas, así como la creación de nuevas empresas dentro del ámbito de las ciencias de la vida y la salud.


 

 
 
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