Decía Stephen Hawking que en una sociedad democrática, "los ciudadanos necesitan tener unos conocimientos básicos de las cuestiones científicas, de modo que puedan tomar decisiones informadas y no depender únicamente de los expertos”.
La ciencia no puede ser incomprensible, puesto que versa sobre el entendimiento. Y, sin embargo, la ciencia fue, y la impresión general es que sigue siendo en algunos aspectos, algo mágico e incomprensible, alcanzable sólo por unos cuantos elegidos, sospechosamente distintos de la especie humana corriente.
Este halo mágico que aísla la ciencia y provoca que los jóvenes se aparten del camino científico sólo se puede combatir mediante una educación primaria y secundaria que mira más hacia la ciencia como fuerza decisiva de nuestro tiempo y una educación para la comunicación.
Acercar la ciencia a los jóvenes y crear una dinámica de interrelación multidisciplinar es una de las formas más fructíferas de fomentar la cultura en nuestra sociedad del conocimiento, donde la creatividad y el talento son las apuestas de futuro.
En tiempos de crisis, el nuevo factor de producción y la mayor fuente de riqueza es el talento, manifiesta Richard Florida, autor del libro The rise of creativity. Según este experto, las regiones que empiecen a realizar inversiones basadas en el talento se convertirán en el motor de la economía. Adecuar el sistema educativo para favorecer la creatividad y fomentar las vocaciones científicas es apostar por el futuro.
Para ello también es necesario que los científicos acepten la responsabilidad de la comunicación, explicando lo realizado en sus propios campos de trabajo de forma simple y extensa, y los no científicos acepten la responsabilidad de prestar atención.
Hay algunas iniciativas para comenzar a introducir la ciencia no sólo en las universidades, sino en la formación profesional, adecuando algunos programas al mundo científico y sanitario, como es la colaboración entre Biopol¬’H e Institutos de Enseñanza Secundaria de l’Hospitalet de Llobregat, que aúnan esfuerzos para que se produzca un intercambio vivo entre estudiantes y científicos del cluster biomédico. Despertar la curiosidad científica, entendiendo por curiosidad “el deseo de conocer”, contribuirá a que científicos y jóvenes sepan escuchar y comunicar. Asimismo, la colaboración entre escuelas de negocio y parques científico-tecnológicos ayudarán a abrir y acercar las ciencias a otros campos y llevarla al mercado para el provecho de toda la sociedad.
Una sociedad científicamente culta estará mejor dispuesta a apoyar las actividades científicas y tecnológicas, pero también estará más preparada para aprovechar todas las oportunidades de innovación y de mejora del bienestar que proporciona el desarrollo científico.
Galileo y Newton, que cambiaron el método científico de la deducción por la inducción – observación, estudio y análisis de los fenómenos de la naturaleza -, fueron quizás los primeros divulgadores científicos, y Galileo lo pagó con la condena de la Inquisición romana. Galileo supo como nadie antes exponer el modelo heliocéntrico de Copérnico de forma transparente e imaginativa.
Hacer llegar los resultados científicos a la sociedad es una de las vías más eficaces para convertir la ciencia en cultura. Educar para la ciencia y comunicarla es el esfuerzo de la sociedad del conocimiento en general y de bioclusters como Biopol’H en particular.
Si aunamos esfuerzos, voluntades e imaginación quizás comencemos a considerar que “las ciencias conforman una de las poéticas de este siglo”, como decía el físico Agustín Fernández Mallo en su libro Postpoesía , donde mantiene que la divulgación ha contribuido a que la ciencia esté en la sensibilidad de nuestra época.




