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El azar y la necesidad

Señalan técnicos y expertos que la necesidad es la progenitora de la invención y, por tanto, de los adelantos tecnológicos.

Necesidades no satisfechas promueven la innovación, activan la evolución, provocan nuevos cambios. Pero la necesidad y la innovación van ligadas al elemento inesperado, de sorpresa: el azar.

El azar se había asociado siempre con caos y desorden y había sido considerado como un agente nocivo que disminuye la eficacia de cualquier sistema. Sin embargo, esta concepción ha cambiado drásticamente en los últimos veinte años. Se ha demostrado que el azar puede mejorar la eficacia de nuestra percepción, crear orden. En la física, el azar no deja de dar sorpresas, pero se extiende más allá de la propia física, alcanzando campos tan diversos como la biología molecular, la teoría de la evolución, la economía o la sociología.

Jacques Monod, pionero de la biología molecular y premio Nobel por sus descubrimientos relativos al control genético de las enzimas y la síntesis de los virus, encabezó su famoso libro “El azar y la necesidad” con una frase de Democrito: “Todo lo que existe en el mundo es fruto del azar y de la necesidad”. La obra de Monod revolucionó la cultura en el año 1971 y desde entonces se ha discutido mucho sobre el fenómeno del azar, que parece chocar con los modelos científicos, pero que entra en juego en los propios sistemas de nuestra razón y nuestra manera de adquirir, procesar y generar conocimiento.

El azar está presente prácticamente en todos los ámbitos de la naturaleza: cualquier célula y sus componentes se tienen que desenvolver en un entorno permanentemente agitado. Se ha comprobado que en aproximadamente 1/5 parte de los descubrimientos del siglo XX ha intervenido la casualidad, lo imprevisto, y se ha encontrado aquello que no se buscaba. Por ejemplo, la Viagra es el resultado de una investigación destinada a regular la hipertensión y la Penicilina fue fruto de un descuido. Alexander Fleming, que investigaba sobre la gripe, dejó unos cultivos al aire libre, por lo que se contaminaron y se cubrieron de moho, descubriéndose que el hongo contaminante era capaz de inhibir el crecimiento de la bacteria.

El núcleo del trabajo investigador de Monod, su pensamiento, se resume en que “el azar está en el origen de toda novedad, de toda creación en la biosfera”. Por tanto, “todo fenómeno, todo acontecimiento, todo conocimiento implica interacciones. El cambio es la fuente de toda novedad, de todas las creaciones en el mundo.”

Azar y necesidad. Si no interviene el azar, la innovación es menos probable.

La posibilidad de descubrir gracias al azar se ha de vincular al encuentro entre gente diversa, profesionales de campos diversos. Para innovar es necesario mantener una interacción fluida con el entorno. El azar y la incertidumbre se convierten así en fuentes de posibilidades.

Por ello, el modelo de organización más innovador son los cluster en general, y los biocluster en particular. Organizaciones de nuevos sistemas económicos que, como Biopol’H, actúan como motor entre la realidad y las aspiraciones.

 

 
 
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