La ciencia moderna se formó a partir de algunas mentes rupturistas como Galileo, que añadió a la inducción y deducción la verificación sistemática a través de experimentos planificados. O Bacon y Descartes, que dieron paso a la ciencia materialista, tratando de explicar los procesos vitales a partir de su base físico-química. En el siglo XIX la ciencia se introdujo en las universidades y, en el XX, en las economías de los Estados para convertirse en uno de los motores más poderosos. Opina Edgar Morin, sociólogo y escritor francés, que en el siglo XXI, en la sociedad globalizada, hay que volver a pensarlo todo y comenzar de nuevo.
Con innovación, con creatividad, con un mensaje rupturista, con pasión.
En Biopol fundamentamos nuestros valores en lo que creemos son algunas de las claves de éxito de un proyecto. Innovación, confianza y pasión.
Innovación es creatividad + rupturismo. Vencer la inercia del statu quo es el proceso por el que pasa la innovación. Innovar es desafiar, es proponer otra forma (muchas veces incómoda) de mirar las cosas. Apostamos por crear nuevos valores y reinventar antiguos. Ofrecemos formación a todos los niveles y servicios científicos. Apostamos por el talento.
Innovación también es rentabilidad. Es, según una de las definiciones, “la aplicación de nuevas ideas, conceptos, productos, servicios y prácticas, con la intención de ser útiles para el incremento de la productividad”. Intentamos crear redes de intereses comunes, de conocimiento para generar riqueza mediante la estrategia de la innovación. Este término, acuñado durante la crisis actual, se utiliza para denominar una nueva forma de política pública y empresarial que implica a toda la sociedad en el proceso de creación y uso del conocimiento para el desarrollo económico y el progreso sostenible.
Innovar para divulgar la ciencia. La divulgación científica entendida como mitad arte, mitad ciencia. Nuestro objetivo, por un lado, es educar sobre la ciencia, sus valores su metodología. Por otro, alentar la vocación científica entre los jóvenes.
Confianza. Perder el miedo al fracaso. Como dijo Joaquim Vila, director del programa de gestión de la innovación del IESE: “El fracaso no es un estigma, sino la oportunidad de hacerlo mejor la segunda vez”.
Confianza para aprender, para construir un sistema de aprendizaje a lo largo de la vida. Las personas deberían ser el motor principal del proceso de transformación de nuestra sociedad hacia la innovación y el conocimiento.
Finalmente, pasión por el proyecto. Innovar depende sobre todo del espíritu imaginativo y la actitud creativa y constante de personas. Pasión también unida a trabajar creativamente en equipo. Para tirar adelante un proyecto que requiere de la reinvención permanente.
En Biopol nos gustaría plantear la creatividad y la innovación como una “actitud vital, como una forma de entender la vida”.
Y, por último, sin un buen liderazgo no hay innovación. Sin un buen liderazgo no hay pasión, no hay confianza. Y, por lo tanto, no puede haber ni creatividad ni excelencia.
Volviendo a Edgar Morin: estamos en los comienzos modestos, marginales y dispersos de nuevos tiempos. En todos los continentes existe actualmente una efervescencia creativa, una multitud de iniciativas locales en el sentido de la regeneración económica, social, política, cognitiva, educativa, étnica o de la reforma de la vida. Aprovechemos esta coyuntura para construir una nueva realidad a partir de la renovación y revisión de valores actuales. Apostemos por aquéllos nuevos que, o bien creemos o bien aceptemos a través de un proceso de reflexión sobre este mundo globalizado. El conocimiento, que es ilimitado, contribuirá a mejorar el bienestar de los ciudadanos.




