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Innovación abierta: compartir el conocimiento para una mayor competitividad

La globalización, el acceso masivo a la información y la competición en captar talento han hecho obsoleto el modelo de negocio tradicional de las empresas, provocando un cambio en sus organizaciones. Henry Chesbrough, profesor de Berkeley, fue uno de los primeros en apostar por derribar ideas preconcebidas sobre la innovación empresarial, acuñando el término de la “innovación abierta”.

El aumento de costes y riesgos, la necesidad de entender mejor al paciente y las oportunidades de tener acceso a mejores herramientas, tecnologías e ideas, han llevado en los últimos tiempos a las grandes farmacéuticas a cuestionar sus modelos de negocio. Paralelamente, los centros de conocimiento en biomedicina empezaron a ser conscientes de que los recursos de las farmacéuticas podían ser un motor y una herramienta para que sus investigaciones llegaran a tener una aplicación clínica. Este reconocimiento ha provocado un cambio cultural que ha empezado a hacer factible la competencia y la colaboración entre empresas, entidades e instituciones.

"Nadie posee hoy en día el monopolio del conocimiento. Si deseamos innovar, tenemos que contar con colaboradores externos, partners y empresas que nos aporten valor”. Esta frase, pronunciada por Henry Chesbrough, revela la clave de la innovación abierta.

Al contrario de la innovación cerrada, basada en los secretos industriales, el desarrollo propio y la protección del descubrimiento, la innovación abierta significa un cambio de paradigma. Consiste en implicar a grupos interdisciplinares en un mismo proyecto, en colaborar para que los esfuerzos en I+D sean más rentables. En definitiva, consiste en la capacidad de adaptación al mercado gracias a una visión amplia y estratégica de los negocios y proyectos mediante la colaboración con el fin de ser más competitivos.

Chesbrough entiende la innovación como un proceso de aprendizaje continuo. “Cualquier persona puede ser innovadora”. La innovación abierta, por lo tanto, puede partir desde dentro de la organización, poniendo en práctica el trabajo en equipo, el compartir datos y el fomento de la creatividad.

Los clúster como Biopol’H son, de hecho, entornos óptimos para llevar a la práctica la innovación abierta. Mediante la interrelación y la complementación de los ámbitos asistencial, científico, formativo, social y empresarial se pretende favorecer la creación, transferencia y divulgación de nuevos conocimientos en biomedicina y Ciencias de la Salud. Biopol’H asume que únicamente bajo estos principios de la innovación abierta es posible conseguir la sinergia necesaria para que la gestión del conocimiento generado por todos sus profesionales retorne a la sociedad.

El nuevo modelo trata, en definitiva, de generar sinergias y contar con nuevas ideas que, acopladas a las producidas en el interior de la organización permitan un mejor desempeño optimizando recursos y tiempo. La innovación abierta facilita acceder a problemas reales y demandas de mercado. Ofrece un mayor acercamiento entre universidad y empresa y posibilita acceder a nuevas formas de financiación, además de aumentar el nivel de colaboración.

En el campo de la propiedad intelectual no se trata, en cambio, de compartir libremente una patente, sino de personalizar la colaboración. Patentes no comercializadas pueden adquirir un valor real mediante la identificación de oportunidades.

Como dijo Henry Chesbrough, “si la gente inteligente de su organización está conectada con la gente inteligente fuera de ella, entonces sus procesos de innovación no reinventarán la rueda. Más aún, los resultados de sus esfuerzos se verán multiplicados debido a la cercanía con otras ideas e inspiraciones.”

 

 
 
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