Hace 100 años Marie Curie – Marja Sklodowska – fue distinguida con el Premio Nobel en Química. Fue la primera mujer en obtener el más prestigioso galardón y es la única persona poseedora de dos Premios Nobel. En 1903 le concedieron el de Física por su codescubrimiento de los fenómenos de radiación, y el segundo, en 1911, de Química, por su descubrimiento del radio y polonio y por el aislamiento y el estudio de la naturaleza y compuestos del radio. En su honor, la Asamblea General de Naciones Unidas ha declarado 2011 el Año Internacional de la Química. Poco se ha hablado, sin embargo que, aprovechando el valor simbólico de la figura de Marie Curie, 2011 también ha sido elegido el Año Internacional de las Mujeres Científicas. Se corre el riesgo de que esta celebración del aporte de las mujeres a la ciencia pase desapercibido contribuyendo así, una vez más, a la histórica infravaloración de sus aportaciones. Una infravaloración acompañada de barreras que han dificultado - sino directamente impedido – su acceso a la investigación científica.
Hoy en día, aunque el acceso a la formación universitaria mantiene porcentajes análogos de mujeres y de hombres, la presencia femenina empieza a disminuir a partir de la fase postdoctoral. Y pese a no existir diferencias, cuantitativas ni cualitativas, en la producción científica de mujeres y hombres con igual nivel profesional, las hay en el acceso de unas y otros a puestos de mayor remuneración y reconocimiento.
Las mujeres representan sólo el 30% del personal investigador europeo y sólo el 18% del profesorado universitario a tiempo completo, según la última edición de “She Figures 2009”, un estudio que analiza las desigualdades de género en la ciencia publicado cada tres años por la Comisión Europea y el Grupo de Helsinki sobre mujeres y ciencia. En el informe se constata, entre otros, que aunque el número de mujeres investigadoras está creciendo más rápidamente que el de hombres, la subrepresentación de las mujeres en las carreras científicas sigue siendo un dato preocupante. “El desequilibrio entre los sexos en la ciencia es un desperdicio de oportunidades y talento que Europa no puede permitirse”, alegó el ex comisario europeo de Ciencia e Investigación y actual comisario de Medioambiente, Janez Potocnik. Otras cifras de este estudio también ponen de manifiesto grandes diferencias en los puestos científicos de mayor responsabilidad en cuanto a la presencia de la mujer en el sector público y en el privado. Mientras que en el sector gubernamental suponen un 39%, en el sector empresarial son sólo el 19%. En España, según datos del Ministerio de Ciencia e Innovación, la proporción de mujeres científicas es del 37%, y los escalones más altos de la carrera investigadora están ocupados por un 23% de mujeres en el Consejo superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
La empresa privada penaliza a las madres trabajadoras, cuestionando su dedicación al trabajo y excluyéndolas de proyectos importantes. En caso de las mujeres científicas con puestos de responsabilidad, el problema aumenta porque su trabajo científico absorbente de por sí se ve incrementado por la necesidad de tener que buscar ayudas de financiación para los proyectos. Aurora Pujol, investigadora del IDIBELL, centro de investigación del espacio Biopol’H, lo exponía con claridad: “Hay menos mujeres en los cargos de alta dirección (sólo un 10%), porque es un trabajo durísimo que exige dedicación completa, por lo que es muy difícil la conciliación familiar, sobre todo en España. Incluso es difícil mantener una relación estable, porque tu pareja ha de entender que la investigación es más que un trabajo, es una vocación.”
El liderazgo femenino ha sido y sigue siendo debatido desde muchos sectores. Aunque la mujer tenga mejor formación académica que los hombres, se considera que cuando una mujer triunfa es porque se favorece de forma especial a las mujeres. En el camino hacia la igualdad de oportunidades hay que derribar muros y construir puentes, dar oportunidad a un liderazgo creativo, promover nuevos estilos que en muchas ocasiones pueden provenir de las mujeres. Como muestra un botón: en 1950, Marion Donovan creó el primer pañal desechable, un invento que las empresas desestimaron por considerar que los costes de producción eran demasiado elevados, de manera que procedió a hacerlos ella misma. Algunos años más tarde vendió su empresa por 1 millón de dólares.
Otro ejemplo de entre muchos es Ada Loveplace, la primera programadora de ordenadores, que pronosticó la capacidad de un ordenador para realizar algo más que calcular números.
El programa FEM Talent pretende aportar su granito de arena para contribuir, desde Cataluña, a fomentar la igualdad de oportunidades y a promocionar a las mujeres en el ámbito científico y empresarial. Puesto en marcha y coordinado por la XPCAT (Red de Parques Científicos de Cataluña), Biopol’H participa en este programa como “antena” con el objetivo de eliminar el llamado “techo de cristal” y de visibilizar el talento femenino.




